
Juntos el tiempo se vuelve imaginario, las horas no son horas si no que son instantes en los que se puede sentir como el mundo se pliega sobre los dos y como el resto no existe. Las sensaciones son tan absorbentes que no te dejan pensar, no te dejan razonar. Los pocos instantes en que se para a pensar pasan como si de un rallo se tratara, muy fugaces. Pero lo mejor es que en esos momentos eso también da igual y rápidamente me vuelvo a zambullir de nuevo en nuestro mundo, ese del que tanto cuesta despegarse, del que tanto cuesta salir una vez dentro. Si nuestro mundo dura horas, se necesitan días para salir; si duran días, se necesitan meses para volver a la realidad.
No hay nada más, solo nosotros, solo uno, solo esas sensaciones. Toda mi alma se abre y todas las emociones van saliendo a través de mi ser como si me fuera evaporando poco a poco






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